Cambia, todo cambia...






Ya no hay más cunas en esta casa (de momento). Ahora son camas. Otra señal de la velocidad del paso del tiempo, y de que la vida no es otra cosa que cambios. En palabras de Carl Rogers (a quien estoy estudiando últimamente): "La vida, en su óptima expresión, es un proceso dinámico y cambiante, en el que nada está congelado (...) en la vida no existe nada inmóvil o congelado." (El proceso de convertirse en persona). Y ya lo cantó también (Y TAN BIEN!) la Negra: "Cambia, todo cambia".
Y es así. Justo cuando nos estábamos acostumbrando a un ritmo, a una forma, a una rutina se produce el cambio, y hay que hacer ajustes, adaptarnos a lo nuevo, y justo cuando aprendimos a convivir con lo nuevo, otra vez ocurre el cambio. Duermen 4 ó 5 siestas. Ahora tres. No, ahora dos. No, ahora sólo una. Ahora se sientan. No, gatean. No, ahora se paran. Ahora caminan. Corren, Se mueven, saltan, abren las puertas, bajan escaleras, se tiran por el tobogán.
Ahora toman la teta. Ahora ya no. Ahora quieren upa. Ahora quieren vestirse solos. Ahora lloran para comunicarse. Ahora hablan. Gritan. Entienden. Repiten lo que decimos.
Ahora van en huevito. Ahora hay que cambiar a la silla. Y ahora ya casi no usan el carro.
Ahora duermen en un capazo. Ahora los dos juntos en la cuna. Ahora ya no caben. Ahora los pasamos a su habitación. Ahora hay que bajar la plataforma de la cuna porque se pueden caer. Ahora se agarran de los barrotes. Y ahora ya no hay barrotes. Libertad de movimiento y de elección. Ahora son bebés. Ahora no. Otro desafío cotidiano, un nuevo cambio. Cambia, todo cambia. 

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